Alan: Todos somos responsables

El pasado día 24 de diciembre, horas antes de la nochebuena, conocíamos la muerte de Alan, un joven transexual de 17 años, que cansado de soportar el acoso al que estaba sometido decidió quitarse la vida. Su madre daba la noticia así: “Siento en el alma tener que dar esta terrible y triste noticia. Nuestro hijo Alan se quitó ayer su corta vida de 17 años. No pudo con la presión de la sociedad y nos ha dejado para siempre. Muchas gracias por todo vuestro apoyo recibido.”

Alan Chrysallis

Víctimas de una incomprensión y objetivo de burlas, el colectivo trans siempre ha sufrido una discriminación que sólo podemos calificar de terrible incluso entre el propio «movimiento LGB». No podemos imaginar lo que supone para una persona vivir dentro de un cuerpo que no siente suyo como para encima soportar el acoso de los demás. Un acoso gratuito y cruel que ha llevado a Alan a tomar esta triste decisión.

No es el momento de encontrar culpables, que los hay, pero sí de pensar que todos tenemos una responsabilidad en lo que ha ocurrido. Sabemos que ingresó en el hospital con un diagnóstico de depresión por haber sufrido bullying en el centro escolar.  ¿Qué se le puede decir a un chaval de 17 años para que termine en un hospital con una depresión? Qué cosas, qué palabras tuvo que sufrir para llegar a esa situación. ¿Por qué esos educadores que estaban en el centro y que presenciaban lo que ocurría no pusieron las medidas necesarias? Me he cansado de leer comentarios diciendo que el acoso se produce también al ser gordo o al llevar gafas, como si eso fuera una justificación. El acoso no es admisible ni tolerable en ninguna situación porque supone dejar a una persona en una situación de indefensión y vulnerabilidad que a veces, nos lleva a un final como este.

Tras el alta en el hospital, Alan cambió de instituto para seguir sufriendo el mismo bullying. Estaba prevista una reunión entre la dirección del centro y sus padres para tratar el asunto. Una reunión. Eso quiere decir por un lado, que la dirección del centro estaba al tanto de lo que ocurría, y por otro, que no supo o no quiso frenar la situación. Es posible que no supieran cómo hacerlo porque la invisibilidad de las personas trans conlleva un desconocimiento de su realidad, y no hay nada más peligroso que la invisibilidad y desconocimiento. Recordemos que hace unos días hablábamos de un centro de Murcia que pretende que un menor trans utilice el vestuario de discapacitados. Probablemente para la Administración la «problemática» trans se reduzca a eso. A qué vestuario o lavabo deben utilizar, como si fuera un tema de chiste y no de derechos humanos. Y a esto ha ayudado mucho la desaparición de Educación para la ciudadanía, que de forma transversal educaba en la diversidad. Ya ves, lo que para algunos era un «adoctrinamiento», para otros significa salvar vidas.

Alan fue un pionero. Consiguió su DNI con el nombre con el que se identificaba sin haber alcanzado la mayoría de edad. Un valiente que luchó defender su identidad, por defender quien realmente era ante una sociedad obtusa, mediocre e injusta. Y aunque estamos en el camino, todavía quedan muchas cosas por cambiar, mucho por hacer tanto a nivel social como legal. Nosotros como parte de esa sociedad injusta, podemos evitar que el caso de Alan se repita: no callándonos. Denunciando cada palabra, cada acto que suceda a nuestro alrededor que implique la más pequeña discriminación. Porque ninguna discriminación es pequeña. Ojalá podamos decir que el caso de Alan ha sido el último. Que no habrá más suicidios por acoso. Que los adolescentes trans, a partir de ahora, podrán tener una vida como la del resto de sus compañeros. ¿Y sabes qué? Que eso depende de ti y de mi.

¿Te ha gustado?

Si podemos escribir lo que escribimos es porque no le debemos favores a nadie. Haztequeer.com se financia únicamente con las aportaciones de nuestros socios y colaboradores afines. Suscríbete y, cuantos más seamos, más tiempo podremos dedicarle a la página 😉

La loca que lo ha escrito

COMPÁRTELO (o te raja)

X