Apartad pollaviejas, la generación OT 2018 no está para mariconeces

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Hace un montón de años, en pleno auge de su carrera como dúo, Martes y 13 (Josema Yuste y Millán Salcedo) hicieron un gag, que se emitió en TVE, en el que una mujer con un ojo amoratado decía que su marido le pegaba. El programa llevaba risas enlatadas, que se repetían cada vez que Millán repetía lo de “mi marido me peggggga“, y eran risas que también sonaban en casa.

Porque en 1991 nos reíamos de que a las mujeres sus maridos les pegaran palizas y las mataran.

Hace no mucho sentaron a Josema y Millán para hacerles una entrevista y al enfrentarlos a ese gag reconocieron que les daba muchísima vergüenza, que desearían no haberlo hecho jamás y pidieron disculpas. Sí, era un contexto social diferente y la información y la formación que tenía la población era diferente. Pero eso no cambia el hecho de que en 1991 había miles de mujeres aterrorizadas que veían cómo el resto de la sociedad se reía de su sufrimiento.

El “Mi marido me pega” es un claro ejemplo de que la obra es esclava de su tiempo, pero el artista no. En esta misma web, si rebuscas entre los archivos, seguramente encuentres artículos con un tono erróneo (incluso ofensivo), expresiones tránsfobas o serófobas y hasta bromas de muy mal gusto. Porque la persona que los escribió no es la misma que la persona que los escribiría ahora. Llámalo madurar, aprender o deconstrucción del privilegio. La cuestión es que la sociedad (aunque últimamente no lo parece) avanza, y con ella avanza el lenguaje y su uso. La obra original (y las imitaciones de esa obra) ha de mantener su integridad artística porque las películas, las obras de teatro, las canciones… no son solo las historias que nos cuentan sino que también son un reflejo del momento en que fueron escritas.

Pero eso no significa que esa obra no se pueda reinterpretar. Y Operación Triunfo resulta ser un programa en el que se busca al cantante con la carrera discográfica más prometedora, y esa decisión se toma en base a la capacidad que los concursantes tienen de hacer suyas las canciones de otros que les asignan y mostrar su personalidad. Por algo una de las cosas que más le repiten a los concursantes es que no hagan nada con lo que no estén cómodos y que tomen sus propias decisiones. Y por eso es totalmente lógico que María y Miki, los dos concursantes que esta semana cantarán Quédate en Madrid de Mecano, hayan pedido si se podía cambiar la palabra “mariconez” por “estupidez”.

Dos chavales jóvenes, educados y criados en la diversidad, se dan cuenta de que aunque en 1988 la palabra “mariconez” se entendía de una forma muy concreta y se utilizaba habitualmente incluso por aquellos que no eran homófobos… en 2018 su impacto es muy distinto. María y Miki no se sienten cómodos perpetuando la relación peyorativa que la sociedad lleva décadas haciendo entre la homosexualidad y lo ridículo, lo cursi, lo flojucho… La mariconada. María y Miki saben que entre el público que ve este programa hay una cantidad enorme de chicos y chicas jóvenes que cuando oigan “mariconez” notarán una punzadita de dolor al comprobar que ni siquiera en su programa favorito están a salvo de que se les insulte. Un montón de chicos y chicas jóvenes que en 1987 también sentían esa punzadita al escuchar a Mecano y veían cómo el resto de la sociedad ni se planteaba que eso podía ser ofensivo.

Pero lo peor no es aguantar solo eso. Lo peor es que cuando esos chicos y chicas jóvenes, los que cantan y los que escuchan, se expresan; aparece el pollavieja de turno a decirles que son extremadamente sensibles, que la corrección política se está cargando la libertad de expresión y que cambiar la letra de una canción es censura.

Lo dicen por lo de la “mariconez”. No lo dicen porque Alba y Natalia hayan pedido cambiar “boy” por “girl” en su canción para cantársela la una a la otra.

Tampoco lo dicen por Alfonso, que cantó All Of Me de John Legend cambiando la letra por una que él mismo se había inventado en un idioma diferente al original. Ni siquiera vimos a Joe Pérez-Orive, que ahora se ha alzado como adalid de la integridad artística de las obras, protestar por la escabechina que los concursantes hicieron con las canciones de Eurovisión en la anterior edición del programa. El propio programa no tuvo problema el año pasado en decirle a Becky G que o cambiaba la letra de Mayores o no actuaba.

Porque lo que les molesta no es que se cambie la letra. Lo que les molesta es admitir que “mariconez” es una palabra homófoba. Que, aunque no nos demos cuenta, la microhomofobia está ahí y todos pecamos. Y no pasa nada. Nadie dice que Mecano fueran homófobos, simplemente se señala que esa palabra tiene una clara connotación homófoba. Si Ana Torroja quiere seguir cantándola tal cual, no pasa nada. Si Amaia la cantó el año pasado durante un rato libre en la Academia, no pasa nada. Eso no las convierte en homófobas. Pero eso tampoco hace que “mariconez” deje de ser un insulto homófobo.

Que sí, heteros, que sí. Que los gais usamos mucho la palabra “maricón” y no pasa nada. Sé que puede resultar frustrante para muchos de vosotros, pero cuando usamos el “maricón” entre nosotros lo hacemos reapropiándonos del insulto para establecer una marca de confianza a través del lenguaje. Algo que los heterosexuales no podéis hacer, precisamente porque si tenemos que establecer esa marca de confianza lingüística es para protegernos de vosotros. Porque cuando os decimos que algo es ofensivo, montáis el pollo y nos acusáis de censura. (Y por favor, ahórrate el “not all heteros”.)

Y es gracioso, porque son precisamente los que acusan a María de querer censurar una canción los que quieren obligarla a cantar algo con lo que no se siente cómoda y, por lo tanto, censurar su libertad de no expresarse en esos términos. La censura coarta el debate, lo que están haciendo María y Miki es todo lo contrario.

Lo más grave del caso es que la polémica dentro del programa es inexistente e incluso se ha aprovechado la ocasión para hablar del tema entre personas de dos generaciones muy diferentes; pero fuera de él son dos jurados del propio concurso los que están atizando las redes sociales. Uno proclamando que se negará a evaluar la actuación si cambian la letra e incluso dándole Me Gusta a comentarios de usuarios en los que ponen a parir a esa concursante; y la otra, que es la cantante original de la canción, defendiendo a capa y espada el uso de la palabra “mariconez” (sin darse cuenta de que nos está dando la razón):

Cuando podría haberse quedado callada y dejar que este vídeo aclarara la situación por si solo:

La parte positiva del follón que hay ahora mismo montado en Twitter es que esto está sirviendo para detectar a los pollaviejas que no lo parecían; pero sobre todo está sirviendo para comprobar hasta qué punto es frágil el privilegio de mucha gente que ven en los argumentos de María un ataque a la libertad de expresión o a los autores de las canciones. Cada una de estas mierdas:

Todas y cada una de ellas:

No son más que muestras de que las voces que en el 87 y en el 91 no podían ni hablar ahora, por fin, se escuchan. Ninguna de esas voces acusa a Mecano de homófobos o a Martes y 13 de machistas. A pesar de que lo fueron. Lo importante no es si en el 87 “mariconez” se consideraba homófobo o no, lo importante es esto:

A pesar de todo el programa ha confirmado que José María Cano, autor de la canción, les prohíbe cambiar la letra; a pesar de que sustituir un adjetivo por otro no modifica en absoluto el mensaje de la canción. Y es que si “mariconez” no está utilizado como insulto homófobo, ¿por qué es tan importante mantenerla en la letra?

Te ponía el ejemplo del “Mi marido me pega” porque ante situaciones así los artistas tienen solo dos opciones. La primera es hacer como Millán Salcedo: olvidarse por un momento de su privilegio, callarse y escuchar a los demás, empatizar y aprender. El error siempre va a estar ahí, pero aprender de él hará que no lo vuelvas a repetir. Eso es justo lo que ha hecho Noemí Galera:

La otra opción es negarte a escuchar, llorar, patalear y victimizarte; aunque eso no te ayudará cuando la próxima generación (la que acabará imponiendo un lenguaje más inclusivo y con menos dejes machistas, racistas y homófobos) te pase por encima. Que las Marías y los Mikis del mundo llevan muchos menos prejuicios que nosotros sobre las espaldas y caminan mucho más rápido.

El dueño del cortijo. Hidroboy dirige HazteQueer.com, escribe sobre muchas cosas en otros sitios y pone música en fiestas cuando le dejan.

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