Brunéi lapidara hasta la muerte a gais y adúlteros

El sultanato implantará a partir del 3 abril la versión más estricta de la sharía y endurece hasta límites inhumanos su código penal


Ser LGTB+ en Brunéi nunca ha sido legal. Cuando en 1984 la isla consiguió su independencia del régimen colonial británico la homosexualidad siguió estando castigada con penas de hasta diez años de prisión. Son varios los países, como India o gran parte de África, que han heredado leyes homófobas coloniales que (algunas) a día de hoy empiezan a ser cuestionadas por la sociedad.

Pero eso no es lo que ocurre en Brunéi. El país está controlado por el sultán Hassanal Bolkiah, uno de los hombres más ricos del mundo gracias a las reservas de gas y petróleo del país, que tras 5 décadas gobernando decidió hace unos años comenzar a endurecer el código penal basándolo en la versión más radical de la ley islámica (sharía), religión que profesa el 80% de la población del país.

Hassanal Bolkiah, en el centro, junto a dos amigos.

En 2014 el Código Penal impuso multas o penas de cárcel por delitos como el embarazo fuera del matrimonio, no ir a rezar los viernes o celebrar la Navidad siendo musulmán. En su momento la comunidad internacional alzó la voz denunciando el tremendo retroceso en materia de derechos humanos de un país en el que no se vota y no existe la prensa libre. Eso llevó al califato a retrasar sus planes (que no a cancelarlos) y aunque hace unas semanas se empezó a hablar de que el país iba a dar el paso y aplicar la pena de muerte para los homosexuales; ha sido a través de una nota del fiscal fechada el 29 de diciembre de 2018 (que hasta ahora no se conocía) que se ha sabido que, a partir del 3 de abril, el país condenará a muerte por lapidación a los que comentan un “delito de homosexualidad” o adulterio. Además también se castigará con la amputación de la mano derecha a los ladrones, y se les amputará el pie izquierdo si reinciden.

Rachel Chloa-Howard, responsable de Brunéi en Amnistía Internacional, ha declarado que “legalizar penas tan crueles e inhumanas es algo atroz. Algunas de las posibles ofensas ni siquiera deberían considerarse crímenes, incluido el sexo consensuado entre adultos del mismo género“. Phil Robertson, de la Human Rights Watch, añade además que estas leyes pueden hacer que el país sea muy mal visto por inversores extranjeros y turistas (aunque eso poco le dolerá a un señor que duerme entre petrodólares).

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Lo que sí puede molestarle un poquito al Sultán es ver que personajes públicos como George Clooney señalan directamente qué negocios de Brunéi se pueden boicotear como protesta por la homofobia del gobierno. Como, por ejemplo, los 9 hoteles propiedad del Sultán por todo el mundo: The Dorchester y el 45 Park Lane de Londres, el Cowort Park, el Beverly Hills Hotel y el Hotel Bel-Air de Los Ángeles, los hoteles Le Meurice y el Plaza Athenee de París, el Hotel Eden de Roma y el Principe di Savoia en Milán.

Ni tú ni yo tenemos pensado pasar por ninguno de esos hoteles, pero quédate con lo que ha dicho el propio Clooney: “Son buenos hoteles y la gente que trabaja ahí son amables y serviciales y no tienen culpa de lo que haga el dueño. Pero seamos claros: cada vez que nos alojamos o mantenemos reuniones o cenamos en alguno de esos nueve hoteles estamos metiendo dinero directamente en los bolsillos de los hombres que eligen lapidar y azotar hasta la muerte a sus propios ciudadanos por ser gais o por estar acusado de adulterio. Brunéi es una Monarquía y ciertamente cualquier boicot tendrá poco efecto en el cambio de esas leyes. Pero ¿vamos a ayudar a pagar estas violaciones de los derechos humanos? ¿Realmente vamos a ayudar a financiar el asesinato de personas inocentes? En todos estos años tratando con regímenes autoritarios he aprendido que no vas a avergonzarlos. Pero puedes avergonzar a los bancos, las financieras y las instituciones que hacen negocios con ellos y eligen mirar hacia otro lado“.

De hecho fíjate que en 2015 la revista Vanity Fair publicaba este divertido artículo sobre lo “generoso” que es el Sultán de Brunéi regalando cosas a sus amigos famosos. Entre ellos, gente como Mariah Carey (un collar de platino con ocho diamantes valorado en cuatro millones y medio de euros), 57.000 euros en joyas para Michelle Obama (en 2014, cuando ya se endureció el Código Penal y se empezó a hablar de esta última reforma, lo que cabreó muchísimo a la HRC) y hasta a la Infanta Pilar (hermana del campechano, Juan Carlos I), que para la boda de Felipe y Letizia lució un traje confeccionado con telas regaladas a Juan Carlos por el propio sultán en persona. Y un sultán no te regala telas si no está muy contento contigo, y un sultán no está contento si no le haces ganar dinero.

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¿Demagogia? Pues sí. Mucha. Tanta como cuando invitas un día a la FELGTB para hacerte la foto y parecer muy moderno mientras haces negocios con los que nos matan. Y, lo que es mejor, con un sueldo pagado por todos.

Vaya, ahora Felipe no querrá salir en esta web.

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