Cinco razones por las que ver #EUROVISIÓN

1.- Las votaciones previsibles

Es evidente que hay votaciones que son previsibles. Que Portugal nos da casi siempre 12 puntos, porque estamos al lado y porque precisamente esa cercanía hace que compartamos ciertos rasgos culturales que hacen que nuestras propuestas nos resulten agradables a unos y otros. Lo mismo pasa en los países nórdicos (en 2014, que el festival se celebró en Copenhague, la ovación a la representante Sueca fue un escándalo) y en los países del este (antiguos miembros de la URSS que comparten cultura, iconografía y hasta canales de televisión).

Sí que hubo una época en la que daba la sensación de que el Festival se estaba politizando mucho en la zona este del continente y que iba a ser imposible romper esa hegemonía… Hasta que la UER tomó cartas en el asunto y modificó el sistema de voto dándole más peso al jurado profesional. Lo cierto es que revisando los listados de ganadores de los últimos 15 años esa teoría del reinado de la URSS cae por su propio peso:

1999 – Suecia
2000 – Dinamarca
2001 – Estonia
2002 – Letonia
2003 – Turquía
2004 – Ucrania
2005 – Grecia
2006 – Finlandia
2007 – Serbia
2008 – Rusia
2009 – Noruega
2010 – Alemania
2011 – Azerbaiyán
2012 – Suecia
2013 – Dinamarca
2014 – Austria
2015 – Suecia
2016 – Ucrania
2017 – Portugal

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Fíjate, si al final va a resultar que la verdadera mafia eurovisiva está en los países nórdicos. Y aunque es más fácil achacarlo todo a motivos políticos a lo mejor es porque en países como Suecia o Dinamarca se toman el festival muy en serio y tanto la elección de sus candidatos como su participación en el Festival (que no en la final, ahí no pasan directamente) es algo que moviliza a gran parte del país. Tranquilo, no te cuento lo del Melodi Grand Prix y el Melodifestivalen porque no quiero que te estalle la cabeza.

¿Responden las votaciones realmente a una decisión política o es más bien que cuanta más cultura eurovisiva hay en el país mejores resultados se consiguen? Porque ya me dirás tú a mí qué beneficio político se consigue al organizar el festival, que no estamos hablando de unas Olimpiadas con emisiones en televisión durante las 24 horas toda una semana. Que son 3 emisiones televisivas, de 2 horas cada una en la que el grueso ocurre dentro de un pabellón. Ni siquiera da espacio a venderte turísticamente al mundo.

En cuanto a lo «imposible» que resulta ganar. Es cierto que en España llevamos décadas sin organizar el festival pero ¿es realmente porque nadie nos quiere o es tal vez porque nosotros mismos pasamos de él? Y aquí viene la gran paradoja del eurohater:

No quiero tener nada que ver con Eurovisión pero ¡qué rabia me da que no ganemos nunca!

Os puede parecer una tontería, pero cualquier persona que conozca un poquito Eurovisión y se sienta delante del televisor a verlo detecta a la primera qué países se lo están tomando en serio y qué países van por compromiso. Y si la última vez que ganamos fue en 1969 tal vez sea porque en las últimas décadas nuestras participaciones han sido, en su gran mayoría, un puro trámite. Salvo en 1995, que Anabel Conde casi se lleva el gato al agua con Vuelve Conmigo.

Ah, la próxima vez que alguien te diga «es imposible ganar Eurovisión» recuérdale que Irlanda ganó el festival 3 años consecutivos en 1992, 1993 y 1994. Y que volvió a ganarlo en 1996. Y, qué curioso, en cuanto el país perdió el interés porque empezaba a tener serios problemas económicos Irlanda se disolvió como la espuma. ¿Es posible entonces que lo de ganar Eurovisión responda, simplemente, a tener ganas de ganarlo? (Y cuando digo esto me refiero a que organicemos una propuesta decente, coherente y trabajada; no a rezarle a la Virgen del Pilar o a que nos hagamos un Azerbaiyán).

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