Consigue frenar una ley homófoba a base de estornudos

Hay muchos motivos por los que no adorar a los Estados Unidos, pero si algún día alguien te pregunta por qué le tienes tanto cariño al país de Donald Trump, recuérdale esta noticia.

El pasado lunes en el senado de Utah se votaba una ley. Como ya sabrás en algunos estados del país existía una prohibición a los matrimonios igualitarios que impedía a muchas parejas de gays y lesbianas casarse. Algunos jueces habían declarado esas prohibiciones inconstitucionales, como pasó hace unos años en Utah cuando el juez Robert Shelby eliminó la que había en el estado. Pero todas esas prohibiciones se fueron a tomar por saco cuando en junio de 2015 el Tribunal Supremo legalizó de facto todos los matrimonios igualitarios.

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Aún así algunos legisladores republicanos (derecha, guiño-guiño) han seguido erre que erre buscando formas de prohibir las uniones homosexuales, y muchos lo han hecho con leyes como las que protegen la «libertad religiosa» (una bonita forma de decir que permiten a los negocios discriminar a sus clientes en base a su orientación sexual). Pero en Utah hay un republicano, LaVar Christensen, que encontró otra forma de jodernos. En una enmienda que pasó casi desapercibida propuso cambiar el término «joint tenants«co-propietarios«) -que se usa en las declaraciones de impuestos al referirse a una «pareja legalmente casada» que comparte propiedades por el término- por «marido y mujer«.

De esta forma Christensen pretendía dejar fuera de la legalidad a los matrimonios formados por dos hombres o dos mujeres.

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Digo que la enmienda paso «casi desapercibida» porque hubo un senador demócrata abiertamente gay, Jim Dabakis, que la detectó y buscó la forma de tumbarla. Teniendo en cuenta que todos los republicanos del senado de Utah iban a votar a favor, sólo le quedó un recurso: estornudar mucho.

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La ley (que ya había sido aprobada en primera instancia, enviada al Comité Judicial y estaba de vuelta en el senado para su aprobación definitiva) empezó a votarse el lunes a las 23:57. Y para que fuera aprobada la votación tenía que ocurrir antes de las 0:00. Los senadores tenían que decir uno a uno si estaban a favor o en contra, y cuando llegó el turno de Dabakis se levantó, se acercó al micro, se aclaró la garganta… y empezó a estornudar. Y luego estornudó otra vez. Y luego otra.

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Los republicanos se dieron cuenta de la intención de Dabakis pero para cuando intentaron saltarse su voto: había pasado la media noche y la ley quedaba anulada.

Esa maniobra, la de retrasar un voto para evitar que se apruebe una ley, es lo que se conoce como «filibusterismo» y es algo que a los políticos de Estados Unidos les encanta hacer. Y es que en algunos casos a un congresista o senador no se le puede retirar la palabra una vez ha comenzado a hablar si no detiene su discurso o si no se sienta. Y en este caso, aunque Dabakis no tenía nada preparado para no dejar de hablar, le bastó con un ataque «repentino» de estornudos (¡ay, la alergia!) para tumbar la ley homófoba.

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¿No os parece maravillosa la política americana?

Fuente | Queerty

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