El ARN Pride, las carrozas, los tangas, Javier Cid, los clichés y la heteronormatividad

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En cuanto he abierto Twitter esta mañana me he topado de frente con la indignación. No, Gloria Camila no ha ganado (aún) Supervivientes. El cabreo generalizado venía por un artículo publicado en El Mundo por Javier Cid en el que el chico no tiene problema ninguno en mostrar no sólo una cantidad tremenda de homofobia interiorizada sino un desprecio absoluto hacia el Orgullo LGTB, tiñéndolo todo una pátina de elitismo que es un espanto.

La semana pasada se celebró en Arona el ARN Culture & Business Pride. Desde hace meses hemos ido recibiendo información de este evento pero no hemos hablado de él en la web por dos motivos muy sencillos: el primero es que en esta redacción hay menos gente que en el Shangay Pride votantes de VOX y el segundo es que no acabábamos de entender qué era exactamente. Si era un Orgullo no entendíamos por qué no había manifestación. Si no era un Orgullo no entendíamos por qué se llamaba Pride. Culture & Business sonaba a negocio y el que quiera publicidad en la web que la pague o al menos nos invite a un vodka. Un lío. ¿Querían que fuera gente? ¿Querían que fuera un evento cerrado? ¿Qué? ¿QUÉ?

Lo que yo en mis pocas ganas de entender percibía sobre el ARN era que la iniciativa me gustaba: una semana de encuentros en los que hablar sobre la cultura queer, ofrecer una forma de ocio más sosegada y alternativa. ¿Que se llama Pride? Bueno, es un evento LGTB y al menos es en junio. Pero no puedo evitar que la ceja se me vaya tres plantas más arriba cuando leyendo a Javier Cid me entero de que la directora del ARN, Olga Payar, dice que querían hacer un orgullo diferente al del resto de ciudades del mundo y se dirigían a “un perfil de LGTB que va más allá del ambiente festivo, que busca un entorno relajado” porque es “un pride exigente al que la gente viene a aprender, a hacer networking“.

No mejora mucho la cosa cuando habla David Pérez, concejal de Turismo, Consumo y Comunicación del Ayuntamiento de Arona que dice que las carrozas del Orgullo Gay de Madrid (así dicho parece que sea el único Orgullo con carrozas) están muy bien pero que ellos querían “crear un evento más cultural, que destacase otros méritos del colectivo que trascienden a la fiesta.

Another way of loving, another way of pride; era el lema del evento. Another way también de poner la bandera LGTB porque, por cierto, la que tenéis en el logo está al revés.

Yo entiendo la necesidad de Payar y Pérez de vender su evento para que vayan turistas a la ciudad de Arona. Pero permitidme que os dé un consejo: si vais a vender un Pride “alternativo” estaría bien que supierais exactamente en qué espejo os estáis mirando para ser diferentes. Y cuando digo lo del espejo no me refiero sólo a que habéis puesto la bander al revés. Me refiero a que claro que en los Orgullos (y no sólo el de Madrid) hay carrozas, y hay gente sin camiseta, y hay tangas y hay fiesta y pluma y travestis y lentejuelas y color y risas y música. También hay una manifestación delante. Menos ruidosa y vistosa que las carrozas, pero manifestación. Este año, por ejemplo, la de Madrid protesta por los derechos LGTBI en todo el mundo y la de Barcelona contra la homofobia en el deporte. Protestar. Ésa es la clave del Orgullo.

El Orgullo LGTB no nació porque de repente un montón de maricones decidieran que les apetecía salir en tanga a la calle para escandalizar a las vecinas. El Orgullo LGTB es una protesta que, por la propia idiosincrasia del colectivo que la protagoniza, acabó derivando también en una celebración de la libertad, de la vida y de los logros conseguidos durante tanto tiempo. Esas carrozas, esos tangas, esos “pezones arponeros” de los que habla Javier Cid son también (aunque esto a mucho le cuesta entenderlo) parte de la reivindicación. La reivindicación de vivir nuestras vidas como sentimos que queremos vivirlas. De subirnos a donde haga falta a gritar que somos lo que somos y no vamos a dejar de serlo y si eso le molesta a alguien, el problema no es nuestro.

Es verdad que muchos Orgullos se han diluido y han sido secuestrados por los empresarios. Es verdad que hay mucha gente haciendo caja con todo lo que hay alrededor de la manifestación. Es verdad que a veces es difícil separar una cosa de otra. Pero si vuestra intención es, realmente, organizar un Orgullo LGTB alejad la palabra “business“.

Dejando a un lado que sigo sin entender qué pretenden que sea exactamente el ARN Culture & Business Pride (y que, visto lo visto, no creo que me apetezca mucho entenderlo), lo que realmente hace que a uno se le inflen las pelotas (perdón por la franqueza) es el tonito homófobo, despectivo y heteronormativizador del tal Javier Cid en el artículo que ha decidido titular tal que así:

Queridos amigos del ARN, si éste es el tipo de Orgullo que queréis vender, vais mal. Vais muy mal. Y sabemos de buena tinta que muchos de los que están en la foto de familia de los galardonados con los premios Alan Turing no van a estar de acuerdo en absoluto con que se relacione vuestro evento con el tufo normalizador del señor Cid. Un señor que, al igual que vosotros, ha decidido hacerse un Intereconomía y olvidar la manifestación que desfila antes de las carrozas para hablar del Orgullo como “un trajín de carrozas cachondas y tangas infinitesimales, como mordiscos“. Y que encima tiene la poca vergüenza de fomentar la falacia homófoba de que por culpa de esas carrozas, esos tangas y esos “musculazos y pezones arponeros, como mandarinas” a los maricas de buena vida se les mira mal, que se hace un poco favor al colectivo y que no es de extrañar que aún haya gente protestando por los semáforos “homofestivos” de Madrid cuando proyectamos esa imagen.

Claro que si algo sorprende no es que Javier Cid diga semejantes chorradas tan faltas de conocimiento del Orgullo y de la realidad LGTB sino que se queje de los cuerpazos y los pezones cuando no hace mucho él escribía un “Diario de un ex-gordo” (perdió, ojocuidao, 22 kilos… ufff) en el que decía esto:

Que a lo mejor su personalidad no era tan arrolladora. Pero si crees, amiga lectora, que la cosa no podía ir a peor, lo fue:

Puedes estar tranquilo, Javier Cid. Esas capturas las realicé en su momento cuando ese artículo se difundió en redes sociales con comentarios bastante poco bonitos. Pero al final me di cuenta de que Cid no es más que un intento de Salvador Sostres que, se crea o no las tonterías que dice, tiene necesidad de decirlas para provocar y cabrear y ganarse el sueldo. Que las clases de Cross Fit salen muy caras.

Pero te digo que puedes estar tranquilo porque todo este texto no lo he escrito para ti. A mí me importa un comino tu visión del colectivo o tus ideas sobre cómo deberían ser o no ser los Orgullos. Por suerte el Orgullo del colectivo está por encima de tus tonterías. Pero no puedo evitar preguntarme si a los organizadores de ese orgullo de cultura y negocios y a los premiados en ese evento les parece bien que su imagen se asocie a los tópicos homófobos, anticuados, absurdos y que le hacen más daño al colectivo que un señor (musculado o no, vestido o no) encima de una carroza.

P.D.: Una cosa sí que te voy a decir, Javier. Lo que provoca que aún haya gente que relacione al colectivo con los tangas y se indigne sobremanera por unos semáforos no es que haya gente en tanga si no que haya cobardes como tú que hayan olvidado qué es realmente el Orgullo. Que haya hombres blancos gais cisgénero alineándose tan campantes con la heteronormatividad y dándole alas a los homófobos recalcitrantes que pueblan los comentarios de tu artículo. Decías en aquel lamentable texto sobre tu físico que tenías el Grindr echando humo, pues te lo voy a decir con una frase propia de esa aplicación a ver si así lo entiendes: O aportas, o te apartas.

El dueño del cortijo. Hidroboy dirige HazteQueer.com, escribe sobre muchas cosas en otros sitios y pone música en fiestas cuando le dejan.

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