El día que fui tránsfobo sin querer viendo Operación Triunfo

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Hace tiempo estaba de cachondeo con un amigo y le dije: “Mira, ojalá pincharme usando una rueca y quedarme dormida para siempre.” De ahí surgió una página de Facebook (de cuando las hacíamos por las risas) llamada “Pincharse con el uso de una rueca y dormir eternamente“. A los pocos días la página se llenó de mensajes de gente insultándome porque había una falta de ortografía en el nombre. Yo no sabía de qué coño me estaban hablando hasta que descubrí que justamente la pieza de la rueca con la que La Bella Durmiente se pincha y se duerme se llama “huso”, con H. En ese momento aprendí dos cosas: que las ruecas tienen husos y que por más que intentara explicarles que mi “uso” venía del verbo usar ya me habían colgado el sambenito de iletrado.

Algo parecido me pasó anoche viendo el chat de Operación Triunfo.

Los concursantes de OT, atentos a mi cagada monumental.

Eran ya las 2 de la mañana y tenía el volumen de la tele bastante bajo. Acababa de comentar la Gala en el Twitter de la web y estaba más pendiente de lo que las redes sociales decían sobre la nominación de Ricky y Mimi que del propio programa. Suma por ahí el cabreo generalizado porque TVE había obligado a Becky G. a cambiar la letra de Mayores para no decir lo de “A mí me gustan más grandes, que no me quepa en la boca“.

Veo en pantalla que ponen varios vídeos de Marina, una chica que canta maravillosamente bien, y en uno de ellos capto algo sobre unas bragas de su novio. Marina explica a Noemí, a los concursantes y el público que su novio le había dado unas bragas suyas para ir a los castings y eran algo así como su amuleto. No le doy más importancia al tema hasta que, siguiendo en mi cruzada por defender a Ricky en twitter, veo a gente preguntándose por qué Marina ha dicho que las bragas eran de su novio. “¿El novio lleva bragas o es que Marina tiene novia y en TVE no se lo dejan decir?

Yo no tengo ni idea de la vida privada de los concursantes más allá de las cuatro cosas que han dicho en las galas y los Chats y de alguna cosa que he pillado chafardeando de vez en cuando el 24 Horas. Sé que hay uno que tiene novia, otro que está casado con una mujer, otra que tiene novio que también es cantante, uno que tiene novia que trabaja con él en una orquesta y no pueden decirlo y sé que hay un par de gais. Eso lo sé porque tengo esa información de fuera, no porque lo hayan dicho en el programa. Y entre que me extraña que no se haya hablado de que esos concursantes son gais y lo de la letra de la canción de Becky G. (y sin estar prestando atención a la tele) en mi cabeza se forma la idea de que Marina tiene novia y no puede decir “novia”. Y me cabreo, claro.

En ese momento le ponen un vídeo a Marina. En pantalla sale alguien y la imagen desaparece por un fallo técnico. No me da tiempo ni a ver quién era. Marina empieza a llorar, emocionada. Noemí Galera le pregunta quién es, y Marina responde “Es Bast“. Aquí subo el volumen a ver si me entero de algo de lo que está pasando. “¿Y quién es Bast?“, sigue Noemí. “Es que aquí todos saben ya quién es Bast” dice Marina. Y en mi cerebro se establece la conexión: la persona que ha salido en pantalla fugazmente es la pareja de Marina y en vez de decir “es mi novio/novia/pareja” dice “todos saben quién es” porque TVE no le deja decir que tiene novia (como acabo de leer en Twitter), igual que han censurado a Becky G, y Marina no sabe cómo no liarla.

Y claro, me enciendo.

Y pensando que estoy viendo lesbofobia en TVE en pleno 2017 lanzo un tweet indignado con muchas mayúsculas:

En pantalla Marina dice por fin que es su novio y el vídeo empieza a reproducirse. Yo, convencido de que no ha dicho novia porque no le dejan, me quedo descolocado porque lo que veo en pantalla es un chico. Y si es un chico ¿a santo de qué la gente en Twitter estaba tan confundida con lo de las bragas? ¡Pues se las habrá regalado como amuleto!

Cuando acaba el vídeo vuelvo Twitter y me topo con unas cuantas notificaciones derivadas de mi tweet en las que me avisan de que Bast es un chico trans. Algo de lo que yo no tenía ni idea. Pero en Twitter todo el mundo lo sabía (porque en Twitter todo el mundo lo sabe todo siempre) y como no estaban en mi cerebro para seguir todo el -absurdo- proceso cognitivo que te acabo de explicar daban por hecho que me estaba riendo de la identidad de género de Bast, cuando en realidad yo creía estar denunciando un caso de discriminación por orientación sexual.

Dos y pico de la mañana. Volumen al mínimo. Cerebro frito. La cagué.

Que si “Es lamentable que vosotros uséis esas comillas“, que si “ya os vale“, que si “menuda puta mierda tránsfoba“. Y sí, teniendo la información que no tenía antes esas comillas de mi tweet (que no ponían en duda ninguna identidad de género sino que señalaban que usara esa palabra pensando como pensaba yo que era una chica) eran tremendamente tránsfobas. Así que como no había mucho movimiento borré el tweet para lanzar otro intentando aclarar lo que me acababa de pasar.

Y en qué momento. Porque la gente se cabreó aún más (y con razón):

Total, que en un claro caso de no saber que las ruecas tienen husos había metido la pata hasta el fondo y daba igual lo que intentara explicar porque gente que nunca ha leído esta web (y otra que sí y estaban flipando) ya daban por hecho que éramos una cuenta de Twitter tránsfoba. Y cuando algunos y algunas dejaron de insultarme y les pude explicar resumidamente todo lo que te he explicado arriba, llegó el momento de exigirme una disculpa por haber asumido la heteronormatividad de Marina y su novio cuando la primera dijo “tengo novio“. Reconozco que esto me hizo gracia porque una de las chicas que exigían esa disculpa por heteronormativizar a Marina reconocía poco antes que al ver el look de Marina en la Gala 0 dio por hecho que era lesbiana y por eso el “tengo novio” le hizo andar con la mosca detrás de la oreja. O sea, es inadmisible que yo dé por hecho que Marina tiene un novio cis-hetero al decir “tengo novio” pero no lo es pensar que algo no cuadra cuando una chica con “pinta” de lesbiana dice “tengo novio“.

¡Desde la primera gala ha dicho que tiene novio!” me echaban en cara.

Si a mí Marina me viene un día por la calle y me presenta a Bast como su novio por muy heternormativamente que me haya educado (como todos) y por mucho que Bast no cumpla con la cisnormatividad imperante yo voy a tratarle como su novio y punto. Porque tengo el mayor de los respetos por la identidad de género de las personas y su derecho por la autoafirmación del mismo. Y porque me importa muy poco lo que tenga entre las piernas.

Pero no estamos en la calle, no conozco la vida privada de los concursantes al dedillo y estamos frente a un programa en TVE (la cadena pública que se negó a emitir el World Pride, recordemos) que hacía un rato había censurado el matiz sexual de la letra de una canción. Lo más fácil era, evidentemente, pedir disculpas y asumir el error. Y en un pequeño hilo hice justo eso: reconocer que me faltaba información, que entendía que el tweet se interpretara como transfobia y que había sido una confusión de lo más absurda. Algunos de los que me pusieron a parir lo entendieron e incluso eliminaron tweets en los que compartían la captura, otros siguieron erre que erre exigiéndome que me disculpara y reconociera que era un tránsfobo de mierda para así aprender a no serlo.

Para mí la LGTBfobia en general es un tema lo suficientemente importante como para no confundir el uso con el huso. Si hubiera lanzado el tweet con la intención de dudar de la identidad de género de Bast o conociendo el hecho de que Bast es un chico trans habría sido pura mierda tránsfoba como la que se vio anoche en otros tweets:

Pero no fue así.

Alguna vez nos han llegado a la web noticias sobre agresiones homófobas que por un ejercicio de responsabilidad y respeto por todas las víctimas de la LGTBfobia hemos puesto en cuarentena hasta poder confirmarlas (y algunas veces no sólo no se confirmaban sino que acababan desmontadas). No, no me estoy marcando un “no soy tránsfobo, tengo muchos amigos trans“. Independientemente de la intención el tweet fue una cagada tremenda fruto de la inmediatez de las redes sociales y debería haber aclarado mi confusión de otra manera en lugar de lanzarlo a las bravas y que pasara lo que pasó. Pero aunque entiendo perfectamente que se interpretara así (si yo hubiera estado en el otro lado también lo habría pensado) no era transfobia. La transfobia real es la que se niega a reconocer que Bast es un chico, la que se ríe de que use bragas, la que ridiculiza a Marina por decir “novio“.

Escribiendo ahora este artículo me doy cuenta de que asumir que Bast era un chico cis puede considerarse transfobia, pero también creo que eso es hilar demasiado fino. Por una sencilla razón: que yo meta la pata hasta el fondo al indignarme por una conspiración lesbófoba que me he montado en mi cabeza y acabe publicando ese espantoso tweet no significa que soy tránsfobo; significa que soy gilipollas.

Hay tres cosas que extraigo de todo esto y creo que es importante que todos hagamos lo mismo. La primera es que, como te decía antes, asumir que una persona es cis es un claro síntoma de la heteronormatividad en la que nos hemos educado todos y todas. Pero eso no es transfobia (o al menos yo no lo percibo así, y tal vez ahí esté mi error) siempre que esa heteronorma no se imponga y se respete la diversidad.

La segunda es que igual que yo podría haberme guardado el tweet y averiguar lo que estaba pasando antes de lanzarlo, muchos podrían haber hecho lo mismo al valorar tanto la cuenta como esta web y guardar los cuchillos. Fue más útil decirme “es un chico trans” que lanzarme a los leones. Y del mismo modo que reconocí la cagada, era importante escuchar la explicación. Todos hacemos comentarios homófobos, tránsfobos, misóginos, machistas, racistas… sin ser conscientes de ello y todos tenemos que trabajar en eso. Pero en este caso no fue transfobia inconsciente, fue una carambola argumentativa de lo más absurda. Como gritaba aquél: ¡Que soy compañero, coño!

La tercera es que si TVE y Gestmusic no se ahorran detalles sobre las parejas cis-hetero que hay en el programa tienen también la responsabilidad de aprovechar la diversidad presente en la Academia para convertirse en un ejemplo de visibilización y normalización (de la buena, la de que todos somos normales). Operación Triunfo no es Gran Hermano, pero el formato abre la puerta a cierta parte de la intimidad de los concursantes que a veces da pie a abordar temas sociales desde una plataforma excepcional. Por eso es importante que a estas alturas del siglo XXI el propio programa haga lo posible por mostrar que entre esos chicos y chicas que se pasan el día cantando hay heteros, hay gays, hay lesbianas, hay chicas saliendo con chicos trans, hay gente que se enamora y gente que se acaba odiando.

Es fantástico que Marina hable con total naturalidad sobre su novio, pero lo sería aún más si en lugar de pasar de puntillas sobre el tema desde el programa se pronunciara (si no lo han hecho ya) la palabra “trans” con esa misma naturalidad.

P.D.: Aunque, bien pensado, es bastante probable que esté tremendamente equivocado. Por algo esto se llama “artículo de opinión” y las opiniones son rebatibles. Por eso os agradecería profundamente que si vais a explicarme por qué creéis que estoy equivocado no me insultéis (demasiado), que anoche eso no ayudó en absoluto a entendernos.

El dueño del cortijo. Hidroboy dirige HazteQueer.com, escribe sobre muchas cosas en otros sitios y pone música en fiestas cuando le dejan.

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