El Supremo francés no ve homofobia en decir que la homosexualidad es abominable


Seguramente recordaréis el circo al que tuvimos que asistir hace poco tiempo cuando en Francia se debatía el matrimonio igualitario. Estaba formado por personajes psicotrónicos de todo tipo que salían cada dos por tres a gritar por las calles que nos querían mucho y que no tenían nada en contra nuestra… siempre que no nos pusiéramos exigentes y que quisiéramos disfrutar de los mismos derechos que ya tenían las parejas heterosexuales. ¡Eran los alocados tiempos de experimentar con La Manif Pour Tous, un modelo de protesta homófobo que luego fue exportado a muchos países!

Entre toda esta gente dispuesta a darnos hamor como sólo las personas religiosas saben hacerlo destacaba la exministra de vivienda con el gobierno de Sarkozy, Christine Boutin, una política (afortunadamente) ya retirada que mientras estuvo en activo tuvo que recordar continuamente que es una señora muy y mucho cristiana. Hasta ahí todo bien, no tenemos nada contra los que hablan con seres imaginarios en su cabeza. Pero el problema es que Boutin basó su militancia político-religiosa en joder todo lo que pudo la vida a los demás oponerse, con enérgico entusiasmo, a todo. Y especialmente a todo lo que no le afecta usando como principal (a menudo, único) argumento la Biblia. 

En 1988, por ejemplo, cuando lo que se discutía en Francia era el PACS (una unión civil bastante descafeinada pero que estaba abierta a parejas homosexuales) Boutin ya decía que estaba en contra de las acrobacias biológicas y sociales. ¡Y así lleva desde entonces, oponiéndose sistemáticamente (entre otras muchas cosas) a la igualdad de las parejas del mismo sexo!

Boutin, en su salsa, en una de las muchas manifestaciones homófobas que recorrieron Francia

En 2014, en una entrevista titulada «Soy una pecadora» (sí, ya entonces existía el clickbaiting) a la revista católica Charles, en la que se marcaba el clásico «tengo muchos amigos gais» para decir lo siguiente:

Nunca he condenado a un homosexual. La homosexualidad es una abominación, pero no la persona. El pecado nunca es aceptable, aunque siempre se perdona al pecador. Tengo amigos homosexuales. Son pecadores. Yo también estoy en el pecado, pero nunca se me verá hacer apología de un pecado.

Hay que admitir que las palabras de Boutin no son más que una colección de cuñadeces, parte del arsenal de cualquier cristofriqui de nivel 1 en un flame sin mucha enjundia como los que puedes ver todos los días en Facebook. Ellos nos haman mientras nos insultan a la cara y nos dicen que puedes ser maricón mientras no mariconees ni se te ocurra tener sexo, que es muy feo y muy horrible. Pero no podemos ver homofobia en sus palabras, porque tienen amigos gais y les dicen cada poco lo abominables que son. Nada nuevo, en definitiva.

El problema está, como cualquiera puede ver, en que este tipo de discurso lo tuviera una política con la proyección y la audiencia de Boutin y en el contexto social en el que fueron dichas, y por eso varios colectivos denunciaron a la exministra que fue condenada en 2016 a pagar una multa de 5.000 euros por difundir un discurso que incitaba al odio o la violencia contra los homosexuales. Esta sentencia la recibió en una corte de apelación que confirmó una condena anterior en la que se le castigaba a pagar 2.000 euros en concepto de daños y perjuicios a dos asociaciones LGTB que se habían presentado en el juicio como acusación particular.

No, cariña, lo inaceptable es que seas tan sinvergüenza

Teníamos preparada una imagen de la Boutin levantando el dedito para hacer el chiste de que la condenaron por un delito de odio y no lloró, Aitana; pero lo cierto es que lloró y pataleó (y con ella, toda la caverna francesa y europea) hablando de mimimí la censura, mumumú lo políticamente correcto. Lo triste es que finalmente su caso llegó a la Cour de Cassation (el más alto tribunal francés, equivalente a nuestro Tribunal Supremo) que la ha absuelto y anulado su condena. La propia Boutin lo anunció la semana pasada en su cuenta de Twitter, al mismo tiempo que celebra que según ella todavía existen las libertades de expresión y de consciencia en Francia.

Según los jueces del Supremo francés, las declaraciones de Boutin son indignantes pero no aprecian en ellas una exhortación al odio o la violencia contra los homosexuales. Algo con lo que las asociaciones LGTB en Francia no están nada de acuerdo, conociendo además el historial de declaraciones homófobas de esta señora, y que lamentan profundamente porque la sentencia ya está siendo muy celebrada por los sectores ultraderechistas que dicen cosas como que las declaraciones de la entrevista distinguía entre el juicio a la homosexualidad y el juicio a los homosexuales.

Ahora, mientras desde otros medios nos intentan convencer de que esta señora no hacía más que leer unas líneas de su libro de cuentos favorito, es cuando nosotros recordamos que una opinión es una valoración que supuestamente se ha hecho tras un análisis. Un ataque gratuito (como lo es que  una importante figura pública diga que somos abominables) a un colectivo minoritario y que ya está recibiendo agresiones por todas partes nunca se puede justificar como una simple opinión, por mucho que te bases en que no lo dices tú directamente, sino que lo lees de un libro.

Aún estamos esperando que alguien (que no sea un alucinado religioso) nos explique cómo se puede disociar el ser homosexual de la homosexualidad. Sobre todo porque cuando a un maricón le niegan un servicio, le insultan o le agreden por la calle no lo hacen porque condenan su (inexistente) pecado; lo hacen precisamente porque es homosexual.

Fuente | Libération

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