“Imre: una memoria íntima”: los gays venimos de Urano

A finales del s. XIX los señores que se decían médicos, psicólogos, adivinos de la muerte y lectores de la carta del tarot comenzaron a definir a los hombres a los que les gustaban los hombres como… ¡uranienses! ¿Qué, cómo os quedáis?

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Lo de que a la población LGTB no nos dejen tranquilos ya veis que viene de largo. Eran tiempos en que pocos se atrevieron a plantarle cara a todo este discurso cuyo único fin era imponer la heterosexualidad de las personas y de las maneras de relacionarnos en el plano íntimo. Vamos, como hoy aún en muchos lugares y momentos, pero todavía más exagerado. Al grano, que me lío. Edward Prime-Stevenson pasó de historias y tonterías y decidió que esta noche iba a por ti escribiría una historia entre dos hombres donde el amor y la ilusión se vivirían con alegría y felicidad, con nervios propios de los que se pretenden, pero nada de dramas sobre si somos personas o seres aberrantes.

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Y allá por el año 1906 un hombre inglés que estaba recorriendo cual buscona Europa, entró en un café de Budapest tierra de porno sin vello y se sentó junto a un joven apuesto militar él sí que sabe. Y para que sigáis salivando, así se le describe: “… poseía una esbelta figura… su potencia atlética era reconocida… Cuando estaba desnudo, uno podría trazar las ondas de sus músculos y tendones bajo su fina piel y se daba cuenta de la fuerza de la maquinaria…”.  A partir de textos como estos se describe como surge y se desarrolla la amistad entre los dos personajes protagonistas, así como los paseos y las charlas que tienen. En definitiva, creando intimidad poco a poco no un aquí te pillo aquí te mato.

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Con el estilo propio de la buena literatura de finales del siglo XIX, Prime-Stevenson nos ofrece una historia con un cuidado estilo y una delicada prosa escribo como si estuviera enamorado con las que hacernos sentir el gran mar de emociones y sensaciones que son las 12o páginas de esta novela escrita en 1906. Abiertamente gay, entonces apenas se lanzó una tirada de 500 ejemplares. Más de un siglo después, el pasado 2014, los chicos de Dos Bigotes se fijaron en este título y lo tradujeron al español para convertirlo en uno de los primeros volúmenes de su catálogo.

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