Michael Johnson cumplirá 10 años de cárcel por transmitir el VIH

  • Michael Johnson (Tiger Mandingo) fue condenado (en un juicio bastante lamentable) a 30 años de prisión por transmitir el VIH a una de sus parejas sexuales y poner en riesgo a otras 4.
  • La sentencia fue cancelada cuando se supo que la Fiscalía había ocultado información, pero volvieron a presentar cargos y solicitaron 96 años de prisión.

Puede que no recuerdes a Michael Johnson, aunque puede que si te hablo de Tiger Mandingo empieces a tener alguna idea de quién es este chico. Yo no me voy a olvidar de él en la vida, te lo prometo.

Hace unos años, cuando en esta web éramos jóvenes y pizpiretos y no teníamos ni idea de por dónde soplaba el viento, escribí sobre el caso de un atleta universitario que había sido detenido por contagiar «de forma imprudente» a sus parejas con el VIH. El artículo, por cierto, me da mucha vergüencita ajena porque iba yo bien cargadito de mis prejuicios cuando lo escribí; así que comprenderás que no te lo enlace pero tampoco lo borro porque quiero acordarme de él y de lo gilipollas que era yo por aquel entonces.

Pero resultó que la historia de Michael (Tiger Mandingo en Instagram) era mucho más complicada de lo que yo publiqué y lo que se contó en un principio. Para empezar porque Michael no forzó a nadie sexualmente así que ¿dónde estaba la responsabilidad de practicar sexo seguro de sus parejas? Pero es que además el juicio en el que se le condenó a 30 años de prisión por contagiar a una persona y poner en riesgo a otras cuatro fue una farsa. La abogada de Michael era una inútil que no fue capaz de defenderle de forma justa; el jurado estaba formado por un grupo de personas blancas, VIH-, que llegaron a decir que creían que ser homosexual era un pecado; y durante el juicio la fiscalía indujo a sus testigos a soltar comentarios racistas y serofóbicos a lo loco. Michael, por su parte, explicó que él sí le dijo a sus parejas que era seropositivo pero que ellos accedieron a follar a pelo.

Por cierto, como dato curioso sobre esto: las «víctimas» de Michael aseguraron que había sido él el que les había transmitido el virus porque no habían mantenido relaciones con otros hombres (y que no usaron preservativo porque el pene de Michael era muy grande y no cabía en la goma) pero en los informes policiales quedó probado que habían follado con más gente en esa época.

Pero el mayor problema del juicio contra Michael era una ley injusta y serofóbica, heredada de los peores años de la crisis del SIDA, que criminaliza a la persona seropositiva en caso de que haya un contagio. Esas leyes, que aún existen en muchos países del mundo, son contra lo que varias asociaciones como la SERO Project lucha por eliminar. La Asociación de Médicos Americanos y la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América han expresado públicamente su condena a ese tipo de leyes porque no ayudan a promover el sexo seguro ni a que la gente se haga responsable de su propia salud sexual. Pero ahí siguen.

En diciembre del año pasado la condena de 30 años a Michael se suspendió cuando se supo que la fiscalía había actuado de forma injusta al no compartir con la defensa las grabaciones de la conversación que tuvieron con Michael (y que fue lo que finalmente llevó a su condena). Pero en cuanto la condena se suspendió, la fiscalía volvió a presentar cargos contra el atleta de 25 años.

Esta vez a Michael le han dado dos opciones: no admitir su culpabilidad y cumplir 10 años de prisión (restando lo que ya ha cumplido) o ir a un nuevo juicio y enfrentarse a una petición de pena por parte de la fiscalía de (atención) 96 AÑOS. NOVENTA Y SEIS AÑOS.

Piden 96 años a un chaval por transmitir el VIH a una pareja sexual que accedió a follar a pelo. Y aún hay algunos que pensáis que eso es justo.

Con las opciones sobre la mesa, Michael ha decidido aceptar el trato y cumplir 10 años de prisión. El sub-director del Center for HIV Law and Policy, Mayo Schreiber, ha declarado que «es perturbador que Michael aún no sea un hombre libre y no fuera exonerado tras tantos años de lucha por la justicia, pero respetamos y apoyamos su decisión de no arriesgarse a pasar toda su vida entre rejas. Esto parecer ser el final de su caso, pero seguiremos luchando para terminar con leyes que criminalizan el VIH como ocurre en Missouri.»

Fuente | Queerty

 

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