«Pink»: el rosa no es como lo pinta un director homófobo

Amigas, estamos contentos. Porque hemos encontrado, al fin, un homófobo de esos que tiene muchos amigos gays. Bueno, en realidad no sabemos si son amigos, pero lo cierto es que tiene varios homosexuales trabajando para él. Se llama Francisco del Toro, un desconocido director de películas de cine proselitista cristiano, que acaba de estrenar su última peli : Pink, el rosa no es como lo pintan.


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Ya podéis ver por el horror de cartel que la historia trata de matrimonio igualitario y adopción homoparental. Pero lo trata de una manera plagada de estigmatización y estereotipos tendenciosos que causan el más absoluto de los bochornos.

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Pasen y vean: Dos maricas casados, que por supuesto son alcohólicos y drogadictos, deciden adoptar un niño. El chaval está siempre triste ya que no tiene madre y además sufre bullying en la escuela porque sus padres son maricones y se pasan el día discutiendo. Un día, sus padres se separan, y uno de ellos (que ya estaba deprimido por ser homosexual) conoce a un taxista que le habla de Jesús (sí, como suponíais, ese corolario era inevitable). Se “cura” de su “homosexualismo” y cuando vuelve con su ex-esposo, éste le dice “Tengo SIDA, y tú también”.

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Paco Clavel Rouco Varela está deseando ir a verla.

Os podríamos hacer un spoiler mayor pero de todas formas no creemos que vayáis a ver la peli (y como la pusimos a la hora de la follisiesta tampoco es que nos hayamos enterado de mucho); pero sí vimos lo suficiente para que nos quede claro que es una película escrita y rodada con muy perversas intenciones. En México muchos ya se han movilizado para pedir al gobierno que la retire por ser su contenido homofóbico. De hecho el propio Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) ya ha dicho que, efectivamente, la película tiene un tufillo que no les gusta en absoluto, aunque realmente no van a pueden hacer nada… por aquello de la libertad de expresión y todas esas cosas.

Antes de que alguno se ponga a aullar y a hablar de que estamos a favor de censurar este tipo de películas (eso es algo que, por cierto, le gusta más hacer al espectador target del cine de Francisco del Toro), lo cierto es que aunque nos da bastante asquito nos la tomamos como lo que es: una obra de ficción que cuenta una fantasía absurda. Basta con no ir a verla porque hay cosas mucho más interesantes que hacer, como escuchar una partida de ajedrez por la radio.

Cosas más interesantes que ver esa peli: observar un acuario de almejas
Cosas más interesantes que ver esa peli: observar un acuario de almejas

En realidad pensamos que sería más perjudical que se prohibiera su estreno, porque entonces empezarían a montar un drama (algo que se le da muy bien al sector ultra) y a decir que estaban siendo acosados y perseguidos por misteriosos y oscuros intereses.

Lo realmente repugnante no es sólo la trama en sí, si no lo que se pretende contar con ella, el mensaje que se intenta transmitir. Todo en esta película, aparte de ser un cuadro, es un ejercicio de propaganda homófoba evangélica empezando por el director, Francisco del Toro, que se considera a si mismo “un siervo de Dios. Entre otras cosas dice que su amigo imaginario tiene la patente del matrimonio y que los homosexuales queremos tener hijos únicamente como trofeos de nuestra militancia. Pero, cómo no, este señor tiene muchos amigos gays y afirma que su película no es homofóbica. Realmente, sería interesante saber qué tipo de película lo sería para este tipo.

 ¿Homófobo yo?
¿Homófobo yo?

No nos engañemos: nada en esta película es casual. Está todo orientado en la misma dirección. Entre los actores están Pablo Cheng, abiertamente homosexual, pero que dice que no está de acuerdo con la adopción homoparental «porque tenemos que jotear«. Maricones, una cosa es mariconear (que aquí siempre estamos muy a favor), y otra cosa es que mariconear suponga asumirnos como menos válidos, y por aquí nunca pasaremos. El discurso de Cheng, por cierto, es muy parecido al que mantenían Dolce & Gabbana: el maricón sólo sirve para ser maricón.

Al señor Cheng le han llovido las críticas, claro. Pero parece que aún le queda por lo menos una neurona funcionando para decir que no está de acuerdo con la parte del guión en el que su protagonista se vuelve heterosexual, para lo cual utiliza la expresión «se vuelve hombre«. Obviamente, no hablamos de transexualidad. Este señor tiene una endohomofobia evidente, no sólo por participar en esta película; sino porque para él los seres humanos con pene nos dividimos en dos grupos: los «hombres» y los «jotos» (como Cheng) que por lo visto tenemos que mariconear mucho pero no merecemos los mismos derechos.

Pablo Cheng intentando explicar su empanada mental
Pablo Cheng intentando explicar su empanada mental

Roberto Palazuelos, su compañero de reparto, está en contra del matrimonio igualitario y de la adopción, aunque se sacrifica por amor al arte y en la película interpreta a un personaje que sí lo está.

Maricas homófobas apoyando al lobby ultra, cristianos que no tienen nada contra nosotros pero hacen todo lo posible en nuestra contra… ¿qué más le podemos pedir a esta historia? Pues otra cosa que nos gusta mucho: una diva bocachancla. Esto nos pasa por arrimarnos a las peores divas que podamos encontrar.

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Yuri, una diva poptarda fracasada, ahora se ha metido a reina del mal evangélica fundamentalista y ha estado promocionando la película en sus redes sociales. Es muy querida por los gays mexicanos, pero ya ha dejado claro que le da igual lo que opinen sus fans. A esta señora le encanta que los maricas acríticos compren sus discos, pero lo que no le gusta es que tengan los mismos derechos que ella. Un encanto de muchacha, como otras divas y reinas del petardeo de las que hay ejemplos hasta el hartazgo. Pero el tema divas y nuestra relación con ellas es harina de otro costal.

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Lo más gracioso es que el sector ultra siempre pide más sangre y ni siquiera los más recalcitrantes están contentos con este bodrio de película. Les hubiera gustado que mostraran “testimonios de auténticos exgays”. Ahí es nada. Suponemos que cuando van a ver cine de terror o fantástico también salen muy enfadados porque no hay auténticos extraterrestres, hombres lobo o vampiros de los de verdad en la pantalla.

Resumiendo, una película prescindible, generadora de prejuicios, difusora de estereotipos, estigmatizadora y peligrosa dirigida por alguien que se define como un siervo de Dios. Su único fin es el ataque homofóbico con fines de proselitismo religioso: ser gay es malo, el matrimonio igualitario y la adopción mucho peor; no eres feliz siendo así, pero lo tuyo tiene cura si sigues a Dios.

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Os dejamos con Pink y la traición de Yuri:

Fuente | Esto

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