¿Qué pretende realmente EE.UU. con su campaña para despenalizar la homosexualidad en el mundo?

Trump dice no saber nada de la sorprendente (y poco convincente) campaña de su administración contra la LGTBfobia de estado en el planeta.


A no ser que te hayas pasado los últimos años encerrado en tu cuarto jugando con tu fascinante acuario de almejas o creyendóte las tonterías que dicen los maricas de (ultra)derecha, sabrás que la administración de Trump al frente de los Estados Unidos no se ha caracterizado precisamente por ser muy friendly ni por los gestos hacia el colectivo LGTB+. Trump está embarcado en una cruzada especialmente odiosa contra todo lo que tenga que ver con las personas trans: expulsándolas del ejército y anulando las protecciones que habían sido aprobadas con Obama en otros sectores como el de la educación. Se ha aliado sin complejos con lo peor, más recalcitrante y más homófobo de las iglesias evangélicas. Ha recortado en la investigación contra el VIH, discrimina a las personas VIH+, apoya la defensa de un pastelero homófobo… ¿Seguimos?

Pero ¡tranquilos! Luego vendrán los ultraliberales de turno a decir que no ha tocado el matrimonio igualitario y que la economía la lleva muy bien, así que somos unas exageradas y no tenemos nada de qué quejarnos. Sí, esa gente existe y por alguna razón nos lee.

Como ves la lista es realmente larga y con estos antecedentes os podéis imaginar la sorpresa generalizada, en particular entre los activistas LGTB+, cuando hace unas semanas la Administración Federal anunció que los Estados Unidos liderarían una campaña para acabar con la criminalización de la homosexualidad en todo el mundo. Algo a lo que por cierto se opone el Vaticano y ese Papa que algunos decís que es tan punk y tan moderno.

Al frente de esa iniciativa está Richard Grenell, el embajador de los EE.UU. en Alemania. Grenell, que es homosexual, es además el funcionario abiertamente gay de mayor rango en la administración de Trump. Un poco como nuestro querido Maroto, una mascota gay que combina con todo y que se puede llevar a cenar a sitios cuquis.

De hecho la presentación se hizo en la embajada en Berlín y para ello invitaron a una cena a activistas LGTB+ de toda Europa, para hablar de la estrategia que quieren seguir.

Richard Grenell

Si os preguntáis el por qué de este repentino interés de los derechos de los homosexuales en el mundo viniendo de una administración tan hipernacionalista que no se preocupa por los homosexuales de su propio país, la respuesta es muy sencilla: Irán. Sí, ese país del que los cuñados normalmente solo se acuerdan para decir que allí nos cuelgan por maricones, como si no hubiera otros en el que nos pueden matar o encarcelar, a veces mucho más cercanos cultural y geográficamente.

Pues justamente eso (el cuñado) es lo que está haciendo la diplomacia estadounidense con esta propuesta. Irán es uno de sus principales enemigos en la guerra de divas mundial desde un punto de vista geopolítico y por eso ahora lanzan (oportunamente) esta campaña como respuesta a la reciente ejecución de un hombre al que acusaban de ser homosexual. Sumadle a esto que Grenell es conocido por ser especialmente crítico con el gobierno iraní y que desde que está en el cargo ha presionado (de momento, sin mucho éxito) a los gobiernos europeos para que abandonen el acuerdo nuclear que firmaron en 2015 con Irán y para que vuelvan a aplicar las mismas sanciones que Obama levantó vía acuerdo de desarme nuclear y Trump se ha pasado por ahí.

Grenell afirmó que la ejecución de esta persona por ser gay era «una llamada de conciencia para cualquier persona que defiende los derechos humanos» y en la presentación del acto un funcionario de la embajada dijo que estaban preocupados porque en el siglo XXI queden unos 70 estados en el mundo que criminalizan el pertenecer al colectivo LGTB+

¿Cuál es la trampa? Pues que (os vemos venir), si criticamos esta medida oportunista de Trump alguno puede decir que estamos defendiendo la homofobia de algún país. Y aunque todo esto no son más que perogrulladas que no van a ningún sitio, podríamos pensar que es bueno que (a pesar de su historial) de repente el gobierno de Trump se disponga hacer algo a favor de los derechos humanos.

Lo que pasa es que nadie se cree nada y todo apesta a teatrillo para conseguir apoyos en la campaña estadounidense contra el gobierno iraní. Esto, ir de aliado pretendiendo defender al colectivo LGTB+ cuando en realidad lo estás usando para ir de progre y quieres hacer otra cosa, es un pinkwashing de manual como el que hemos visto hace muy poco a escala local cuando unos mariCs cogieron sus banderas arcoíris y se fueron a «dar color» a una manifestación llena de gentuza ultraderechista. Eso sí, aquí lo hicieron en el ambiente sofisticado de una embajada y al menos tendrían un buen catering con pinchitos ricos.

UPDATE: El análisis riguroso de la imagen sugiere que Maroto no daba codazos para salir en la foto con un homófobo a su lado; pensaba que era la cola del buffet.

Pues Trump quiere hacer lo mismo pero a escala planetaria. Estados Unidos saca a su mascota gay, dicen que seguramente van a cooperar con la UE, con la OSCE y con otros organismos internacionales, y todo ello solo para usar la bandera arcoíris y darle un poco de color, usando el lenguaje cuñadaner, a su obsesión particular con uno de sus principales enemigos.

Por otro lado, algunos ya han empezado a recordar que otro de los pilares de la estrategia estadounidense es aliarse con Israel y otros países de la zona como Arabia Saudita u Omán que no tienen absolutamente ningún interés en oír nada que les suene ni remotamente pro-LGTB+. (Sorpresa, maricón, sal de Tel Aviv a ver qué tal).

Esta última es una de las razones por las que nadie se cree que esta idea vaya muy en serio. Los activistas de GLAAD, por ejemplo, han contestado que «nos creeríamos que la administración Trump va a proteger los derechos LGTBQ en el mundo si no fuera porque han atacado a los estadounidenses LGTBQ unas 90 veces desde que tomaron posesión del cargo«. Una de ellas, por ejemplo, cuando en la ONU votaron en contra de prohibir castigar la homosexualidad con la pena de muerte porque eso abría la puerta a prohibir sus ejecuciones. Mientras que en la revista Out hablan de una conocida estrategia racista y de otro ejemplo de cómo la derecha usa a los queer como peones como una forma de llevar adelante sus planes y conseguir más poder.

En cualquier caso, por si alguna de vosotras todavía confía en la buena voluntad del Querido Líder Commander in Chief, o de que haya voluntad real en llevar adelante esta iniciativa, la respuesta de Trump cuando le preguntaron por ella al día siguiente en una rueda de prensa fue literalmente que no tenía ni idea de qué le estaban hablando y pasó rápidamente a otro tema. Sus palabras exactas fueron:

«No sé de qué informe me habla. Tenemos muchos informes. ¿Alguna pregunta más?»

Chiquis, sabemos que a algunos os gusta vivir en un mundo mágico e ideal donde la (ultra)derecha es nuestra amiga y aliada. Nosotros pensamos sabemos que no lo es y que cuando va de abanderada de nuestros derechos es porque aunque seguimos importándoles entre cero y una mierda, o piensan que está muy mal decirlo o es que podemos serles útiles para otra cosa. Y aquí parece que se han dado juntas exactamente las dos circunstancias a la vez.

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