Queridos heteros: la sexualidad de un personaje SÍ es importante y SÍ lo define

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Explica Gabriel J. Martín en su libro “Quiérete mucho, maricón” que las personas no heterosexuales andamos saliendo del armario constantemente. Cada nuevo trabajo, cada nuevo amigo, cada nuevo dentista, cada nuevo médico de cabecera… Es inevitable que en cualquier conversación surja de forma natural (o profesional) la pregunta sobre si tienes pareja o no. Yo, por ejemplo, estoy cansado de que gente que no me conoce en profundidad me pregunte “¿Y la novia, pa’ cuándo?“.

En ese libro Gabriel pone un ejemplo muy claro: un lunes en una oficina. Durante la pausa del café se reúnen varios trabajadores y comentan lo que han hecho el fin de semana. “Mi marido y yo hemos ido a casa de mis suegros“, dice una. “Yo he ido con mi novio a una casa rural“, dice la otra. “Mi mujer y yo hemos pasado el día en la cama“, suelta con risita pícara aquél de allí. Todos están dejando claro que son heterosexuales, y nadie les va a echar en cara que estén alardeando de su heterosexualidad. Pero si hay una compañera lesbiana que dice que ha pasado el finde en casa de su novia o que ha ido a unos talleres sobre familias LGTB+ es bastante probable que alguien suelte el famoso discurso:

A mí no me importa que sea lesbiana. Cada uno puede hacer lo que quiera en su casa. Pero no entiendo por qué tiene que alardear de ello. Yo no voy alardeando de ser hetero.

Pero sí alardeáis.

Esa idea, la de que nuestra sexualidad (la de las personas no heterosexuales) es algo que debe permanecer en privado, está basada en el peor tipo de homofobia posible: la que no parece homofobia. Y te digo que es el peor tipo de homofobia que existe porque el que te parte la cara por maricón tiene claro su odio hacia ti (ahora falta que entiendan que están enfermos), pero el que te dice que le parece genial que seas homosexual pero no hace falta que lo airees a los cuatro vientos ni siquiera es consciente de que está siendo profundamente homófobo. Y si se lo dices, se enfadará, te llamará ofendidito, protestará porque ya no se pueden decir las cosas como son y culpará a la corrección política de todos los males del mundo.

Lo peor es que ese discurso ha acabado calando en el propio colectivo. Ayer, por ejemplo, publicábamos una noticia en la que el actor Rami Malek se lamentaba porque la película de Queen, Bohemian Rhapsody, no indaga lo suficiente en la homosexualidad de Freddie Mercury. En Facebook un chico gay nos comentó que a ver si era necesario haber grabado escenas de Mercury comiéndose una polla en un lavabo. Porque nos han vendido que la única diferencia entre un gay y un hetero es con quién se acuesta.

Y eso no es así en absoluto. Pero lo hemos comprado. Lo hemos comprado porque hemos descubierto que eso es un atajo para conseguir aceptación, respeto y derechos. Pero ¿a qué precio?

El patriarcado lleva siglos ocultándonos. Cuando no hemos sido enfermos hemos sido delincuentes (y en muchos países seguimos siendo considerados ambas cosas) y no es que nuestra sexualidad no pudiera verse en pantalla, es que ni siquiera se nos podía ver a nosotros. En el cine y la televisión de los 90 los personajes no heterosexuales solían ser los malos de la película. En los 2000 dejamos de ser malos y pasamos a ser secundarios divertidos y asexuales. En pleno 2018 estamos en las películas y las series, vivimos historias más o menos similares en importancia a las de los personajes heterosexuales. Pero, salvo excepciones (gracias, Shonda Rhimes), no se nos puede ver follar. Y, lo más ofensivo: si no se ve que el personaje no es heterosexual no pasa nada, porque no es importante para la trama y la sexualidad no es algo que defina al personaje.

Ejemplos hay muchos. Cuando ya había publicado todas las novelas de Harry Potter los fans preguntaron a J.K. Rowling por qué en Hogwarts no hay ni un solo alumno o alumna que no sea heterosexual. Y la sexualidad es algo importante en esas novelas: hay grandes tramas románticas (Ron y Hermione, Harry y Ginny) y el final feliz de la historia es el matrimonio con hijos. La autora confesó entonces que Albus Dumbledore era gay y que, de joven, mantuvo una tormentosa relación con un mago malísimo: Grindelwald.

Dumbledore y Grindelwald: dos personajes enfrentados a pesar de estar enamorados (pero lo segundo probablemente ni te enteres cuando veas la película)

Probablemente Rowling no esperaba que Warner diera luz verde a otra saga de películas basadas en ese universo y ahora resulta que las precuelas muestran a un joven Dumbledore y a un joven Grindlewald. Si Grindlewald fuera una bruja y Dumbledore hetero, la película hablaría sin problema del hecho de que el bueno de la peli se enfrenta a la mala aunque esté enamorado de ella. Es una historia que hemos visto 1000 veces en el cine. Pero resulta que son gais. Y resulta que ahora su sexualidad no es importante para la trama y no define al personaje.

Explícame tú a mí cómo el hecho de tener que luchar contra la persona que amas no define a un personaje.

Y si la sexualidad no es importante en los personajes, ¿por qué necesito saber que los secundarios y secundarias son heterosexuales y se hacen ojitos y se lanzan besos y piropos?

En Troya, dirigida por Wolfgang Petersen (la de Brad Pitt), el guionista decidió eliminar las referencias a la mitología griega para simplificar la historia y llegar al público actual. Ésa, por cierto, suele ser la excusa que ponen para descafeinar historias hasta el punto de que ningún americano medio pueda protestar por nada. Pero el guionista de Troya decidió eliminar algo más: convirtó a Patroclo, el amante de Aquiles, en SU PRIMO. No es que no mostraran la homosexualidad de Aquiles, es que se marcaron un straight-washing de manual y lo convirtieron en un señor exclusivamente hetero. En una película que narra la historia de una guerra iniciada por amor la sexualidad de Aquiles no era importante. No hacía falta mostrar que tenía una relación homosexual. Pero es que en La Ilíada Aquiles se involucra en la guerra de Troya por amor, por venganza tras el asesinato de Patroclo. Y se enfrenta (ojo) a un río, al Dios del mismo río, a Escamandro, a unos cuantos troyanos, a Apolo (¡Apolo!) y a Héctor. Ahora explícame qué héroe mitológico se mete en ese berenjenal (¡se enfrentó a Apolo!) porque han matado a su primo.

“¡Cuánto más primo, más me arrimo!”

En Alejandro Magno de Oliver Stone se deja claro que el conquistador era homosexual, pero se hace con tanta sutileza que cualquiera podría pensar que ni siquiera tenía sexo. Y recuerdo que cuando se estrenó la película (2004) internet -sí, ya existía- se llenó de debates sobre si Alejandro Magno era gay o no. Spoiler: los mismos que insisten en que la sexualidad no define a la persona insistían en que era heterosexual. Porque a la gente le da igual con quién se acuesta cada cual… si ese cada cual es homosexual. Si es hetero no nos molesta que nos enseñen hasta el último pinchito; pero si es gay… no es necesario.

En Jurassic World: El Reino Caído hay una chica que ayuda a los protagonistas a curar a un dinosaurio. La sexualidad de esa chica es absolutamente indiferente porque su personaje (como muchos otros secundarios) no tiene trama más allá de curar al dinosaurio y correr de un sitio a otro. Sin embargo durante la promoción de la cinta dirigida por Bayona se hartaron de decir que es lesbiana pero tuvieron que cortar la escena en la que quedaba claro porque no aportaba nada. ¿Por qué entonces la necesidad de decir que es lesbiana? ¿Y por qué si yo puedo saber que un personaje es heterosexual solo por una frase en la que le dice a un secundario lo guapa que está la prota no puedo saber lo mismo de una secundaria también con una sola frase?

En los videojuegos, tres cuartos de lo mismo. Si en Overwatch anuncian que una de sus personajes es lesbiana, una gran parte de la comunidad de jugadores se enfada porque “qué necesidad hay de meter con calzador una lesbiana. Si en League of Legends hacen lo mismo, los jugadores se cabrean por mostrar esa sexualidad pero no les molesta que haya dos personajes heterosexuales manteniendo una relación. Eso no es meter con calzador la heterosexualidad, eso es lo más normal del mundo.

Lo mismo ocurre en televisión. La serie Rise decidió contar la inspiradora historia real de un profesor de teatro que cambió la vida de sus alumnos, omitiendo que durante ese proceso él asimiló que era gay y también cambió su vida. O en el mundo del famoseo. Toñi Moreno se pone nerviosa cuando Laura Pausini le suelta un “yo pensaba que eras lesbiana“. Hasta hace unas semanas no sabíamos que Miguel Bosé llevaba tropocientos años compartiendo su vida con otro hombre. Sandra Barneda salió del armario con un “soy persona“, como si las lesbianas pudieran ser otra cosa.

A Dumbledore, a Miguel Bosé, a Freddie Mercury, a Sandra Barneda, a la de Jurassic World, a la Power Ranger de Becky G, al Aquiles de Brad Pitt… A todas y cada una de las personas y personajes LGTB+ del mundo nos pasa una cosa: nuestra sexualidad sí nos define, igual que la sexualidad de los heterosexuales también les define.  Nos define a la hora de enamorarnos (y, no nos engañemos, el 90% de las historias de ficción -incluyo aquí canciones, poemas, novelas, relatos…- hablan sobre el amor). Nos define a la hora de salir a la calle (dependiendo de la zona en la que vivas puedes salir más o menos tranquilo, puedes mostrarte más o menos como te apetece). Nos define a la hora de enfrentarnos a un entorno nuevo (salir del armario constantemente no es fácil ni siempre resulta agradable). Nos define a la hora de reaccionar ante la actualidad (partidos políticos que nos atacan, señores en televisión que nos insultan y nos ofenden). Nos define absolutamente siempre.

Pero LosHeteros(TM) no consiguen entender eso. Porque los heteros no han tenido que vivir nada de eso. Y el problema no es que no lo entiendan, es que no lo quieren entender. Porque cuando les explicas la importancia de la representación y la visibilidad de las minorías se ofuscan: ¿para qué necesitas saber que ese personaje es gay si la película va de súper-héroes matando alienígenas? Por el mismo motivo por el que tú necesitas que Hulk y la Viuda Negra estén enamorados: porque eso te identifica con los personajes y porque eso genera tramas en las que te involucras como espectador porque te reconoces en ellas.

¿Por qué necesitábamos que Visión y la Bruja Escarlata se enamoraran? Para crear conflicto en la trama. Algo que rara vez ocurre con un personaje no heterosexual.

Definir la orientación sexual o la identidad de género de un personaje no es meter nada con calzador, es representar una realidad. Y si yo me he podido identificar durante toda mi vida con lo que sufren los personajes heterosexuales por amor, también podéis hacer lo mismo vosotros con personajes gais, lesbianas o bisexuales. Y lo mismo con las personas trans. Pero hay una cosa que LosHeteros(TM) -y nosotros- tenemos que empezar a entender: la sexualidad nos define (a todos), pero no nos identifica. Un personaje puede ser gay y puede estar definido como gay; pero su sexualidad no es lo que le identifica como ser humano. No es gay ante todo y todo deriva de ser gay. Y por supuesto ser gay no es únicamente una cuestión sexual. No necesitamos verle constantemente besando a otros hombres, flirteando con otros hombres o follando con otros hombres. Pero sí necesitamos ver cómo ese personaje gay se enfrenta a su realidad, sea cual sea, siendo gay. Porque la sexualidad de un personaje no es únicamente (como el patriarcado lleva años repitiéndonos) las pollas que se come o los coños que penetra: las personas no heterosexuales hacemos lo mismo que las heterosexuales y nuestra sexualidad nos influye exactamente igual a la hora de vivir; con la diferencia de que los heterosexuales nunca han estado (ni estarán, salvo que consiga dominar el mundo) discriminados por ser heterosexuales y, por lo tanto, hay cientos de matices y situaciones que jamás han vivido y jamás vivirán. La historia de un adolescente hetero enamorándose en la universidad es radicalmente diferente a la de un adolescente gay, por ejemplo; por mucho que insistan en que la única diferencia entre ambos es el sexo de la persona con la que se acuestan.

Y eso es, justamente, lo que lleva a gente como Miguel Bosé a ocultar su sexualidad hasta límites absurdos. Porque nos han hecho creer que decir que nos acostamos con hombres forma parte de la vida privada, cuando como mucho lo que puede formar parte de tu vida privada es CON QUÉ HOMBRE te acuestas. Pero tu sexualidad no forma parte de tu vida privada porque tu sexualidad define tu vida pública. Para que se entienda: yo no sé con quién se acuesta hoy Úrsula Corberó, pero sé que se acuesta con hombres. Ergo, sé que es heterosexual y no considero que esté haciendo alarde de ello ni que esté dejando al descubierto su vida privada. ¿Por qué entonces a nosotros nos hacen sentir así cuando decimos que no somos cis-heterosexuales?

Porque ése es un mecanismo de opresión: hacer que nos avergoncemos un poquito de lo que somos. Es el mismo mecanismo que hace que ahora internet esté llena de gente diciendo que no hace falta mostrar que Freddie Mercury follaba mucho con otros señores. Porque no entienden que si Freddie Mercury fue lo que fue, fue precisamente por cómo su sexualidad (que no sus prácticas sexuales) le definieron como persona y como artista. No mostrar eso en un biopic es una opción totalmente válida, pero está invisibilizando una parte importantísima de la vida de un mito, algo que le definía como ser humano. Y en este caso es aún más sangrante, porque no es un personaje de ficción sino una persona que existió de verdad. Como he leído en un comentario, cuando hagan el biopic de los Rolling Stones no se cortarán un pelo a la hora de mostrarnos a los rockeros follando y bebiendo y drogándose y ligando con las fans. Y nadie dirá que es amarillismo, que es morbo, que no aporta nada, que lo importante es la música.

Y eso es pura y simple discriminación. Es reducir toda nuestra experiencia vital, la de cada una de las personas del colectivo LGTB+, a un polvo. Y eso pasa porque, para LosHeteros(TM), su sexualidad solo les afecta a la hora de follar. Pero a nosotros no. A nosotros nos afecta muchísimo más.

Por eso, queridos heteros, es importante que entendáis que ser gay, lesbiana, bisexual, trans, intersexo… sí nos define. Igual que ser heteros os define a vosotros. Nuestras experiencias vitales y sociales son radicalmente diferentes y vuestra negativa a que mostremos esa realidad es una forma de discriminarnos, oprimirnos y perpetuar los prejuicios homófobos sobre nosotros. Y aquí meto también vuestra negativa a que los personajes trans estén interpretados por personas trans. Es imperativo que entendáis que mostrar a dos hombres o dos mujeres follando en pantalla no es un ataque, no es una imposición, no es meter con calzador una escena políticamente correcta, no es adoctrinar; y por supuesto no es amarillismo, no es relleno, no es morbo, no es tener ganas de escandalizar.

Es representarnos. Exactamente igual que vosotros habéis estado representados durante siglos. Representar al colectivo LGTB+, representar a las mujeres, representar a las personas racializadas. Representar, al fin y al cabo, todo eso que existe y nunca habéis querido ver en vuestras películas y series porque os sonaba a chino.

Insistís en que la sexualidad no define al personaje, pero a mí sí me define cuando voy al súper del barrio y el tendero, un señor paquistaní la mar de amable, me pregunta si tengo novia. Un hetero lo tiene fácil: sí o no. Pero mi sí (“pero es un chico”) o mi no (“soy gay”) puede generarme un problema si resulta que ese amable paquistaní es homófobo. Igual que me puede generar un problema si mi jefe es homófobo. Si mi médico es homófobo. Si el policía al que pido ayuda porque me agreden en la calle es homófobo.

Por supuesto que la sexualidad nos define a todos; pero es que nuestra definición es muchísimo más complicada de lo que LosHeteros(TM) están dispuesto a asimilar. Y eso, queridos amigos, tiene un nombre.

El dueño del cortijo. Hidroboy dirige HazteQueer.com, escribe sobre muchas cosas en otros sitios y pone música en fiestas cuando le dejan.

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