¡Sorpresa! El corto In A Heartbeat desata la homofobia en redes

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Hace unos días se estrenó en internet el cortometraje In A Heartbeat, que seguramente ya habrás visto porque eres muy moderna. Se trata de una pieza de animación realizada por Beth David y Esteban Bravo, dos amigos que se conocieron en el Rigling College de Arte y Diseño de Florida y buscaron a través de Kickstarter la financiación necesaria para poder terminar el proyecto.

Esteban Bravo y Beth David

El cortometraje ha salido en todas partes, ha sido publicado por todos los medios y hasta lo hemos podido ver en la tele. Porque, como me dijo un amigo, ya es hora de dejar de darle tanta cancha al odio de Hazte Oír y similares y empezar a contar historias bonitas.

Y ¿qué pasa cuando una historia de amor homosexual se vuelve viral? ¿Qué ocurre cuando un cortometraje como éste alcanza los 10 millones de visualizaciones en apenas 3 días? Pues fácil, que a más de uno le salen sarpullidos y se ponen histéricos porque (lo has adivinado) ¿ES QUE NADIE VA A PENSAR EN LOS NIÑOS?

Los comentarios en Youtube, por ejemplo, están llenos de mensajes quejándose porque se intente adoctrinar a los niños, por las ganas que tenemos los gais de estar siempre llamando la atención, de lo innecesario que es ensalzar nuestro “estilo de vida”.

Captura publicada por Fuertecito No Ve La Tele en Facebook

Lo que hace especial a In A Heartbeat no es su calidad técnica (que la tiene) ni su historia (que no es nada del otro mundo). Es, simplemente, la representatividad. Explicar en cuatro minutos lo difícil que es ser adolescente, estar en el armario, enamorarte de alguien de tu mismo sexo y sufrir primero por su reacción y luego por la de los demás no es fácil; y el cortometraje lo consigue.

Pero a día de hoy aún hay mucha (muchísima) gente que no entiende conceptos básicos que son muy necesarios para asegurar el respeto a la diversidad sexual y afectiva. La homosexualidad no es una elección, ningún niño o niña que vea este corto va a decidir ser gay, porque eso no se elige.

Captura publicada por Fuertecito No Ve La Tele en Facebook

¿Que se está hablando de este corto porque son dos personajes homosexuales y no porque sea realmente bonito? Cierto, pero precisamente eso demuestra cuál es el problema. Vivimos en una sociedad heteropatriarcal en la que el amor y la atracción heterosexual está representado en absolutamente todas las facetas de la vida. La publicidad, las películas, las series, las novelas… Todos hemos crecido viendo como único referente social a la pareja heterosexual. Y por eso se ha asimilado que eso es lo normal, lo habitual. Hasta el punto de que, como explica Gabriel J. Martín en su Quiérete Mucho,Maricón, no perciban sus alardes de heterosexualidad como lo que son y sin embargo cuando tú hablas de tu vida te atacan porque está bien que seas gay pero no hace falta que lo vayas diciendo por ahí constantemente. Así que cuando una historia que se sale de esa norma se vuelve popular todavía hay mucha gente que se pregunta por qué tienen que ver eso, qué necesidad hay si la homofobia ya está superada, por qué tanto alboroto por dos personajes gais.

Captura publicada por Fuertecito No Ve La Tele en Facebook

Y es muy significativo que los que se están quejando de que se hable del corto porque son gais o de “haber” tenido que ver esta historia que no les agrada no sean capaces de darse cuenta de que precisamente sus reacciones son las que hacen que el protagonista del corto no se atreva a mostrar su afecto. Las mismas personas que nos acusan de hacer “propaganda”, de no vivir nuestra diversidad de forma “normalizada”, de querer ser siempre los protagonistas y llamar la atención; son los que señalan con el dedo al corto, los que no lo valoran como algo normal.

Es el típico: “yo no soy homófobo peeeeeeeero….“. Y si ves Juego de Tronos sabes que cualquier cosa que vaya delante de un “pero” es pura mierda.

Con In A Heartbeat está pasando lo mismo que con el evento Gaming Ladies que tanto critican algunos hombres cis-heteros: la falta de empatía. Y es lógico, porque no nos han educado para ser empáticos con el diferente, para ponernos en la piel de alguien que vive una situación que nosotros no podemos vivir. Es fácil empatizar con los refugiados, con las víctimas de terrorismo, con los desahuciados… Porque sabemos que eso podría pasarnos a nosotros. Pero cuando eres un hombre blanco cis-heterosexual no estás educado para empatizar con las víctimas del racismo, el machismo o la LGTBfobia porque son cosas que tú nunca vas a sufrir. Y, por desgracia, algunos en lugar de intentar entender esas situaciones y ayudar a erradicarlas le dan la vuelta a la tortilla para convertir el problema en su problema.

Cuando hablamos, por ejemplo, de la necesidad de una Ley LGTBI que nos proteja frente a la LGTBfobia siempre aparece alguien que no la sufre para quejarse porque eso coarta su “libertad de expresión”. Y por más que le expliques que esa libertad sólo ampara las opiniones y que la LGTBfobia no es una opinión siguen sin (querer) entenderlo porque para ellos, que no la sufren, no tiene tanta importancia.

Hay cientos de cortometrajes con historias de amor. Hay cientos de eventos de gaming mixtos (a los que, por algún motivo, siempre van mayoritariamente hombres). Pero cuando un corto o un evento se sale de la norma se le ataca de forma furibunda sin pararse a pensar exactamente por qué existe esa diferencia, por qué es necesario resaltarla y por qué hay que defenderla.

Lo que ha demostrado In A Heartbeat está muy claro: hacen falta más representaciones dignas de la diversidad en las obras culturales para que las nuevas generaciones sepan desde pequeños que sean como sean (y la inmensa mayoría serán cisgénero y heterosexuales) todos somos normales. También hacen falta más representaciones de este tipo para que dejen de ser una excepción y, aunque pueda sonar fatal, para conseguir que el próximo corto con personajes homosexuales se vuelva viral por un motivo ajeno a la sexualidad de sus personajes.

Pero sobre todo lo que ha demostrado es que tenemos la obligación y la necesidad de seguir haciendo muchísima pedagogía para que todo el mundo sea un poquito más empático.

El dueño del cortijo. Hidroboy dirige HazteQueer.com, escribe sobre muchas cosas en otros sitios y pone música en fiestas cuando le dejan.

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