¿Una calle para La Veneno?

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La asociación LGTB+ Arcópoli ha puesto en marcha una recogida de firmas en change.org reclamando una calle para Cristina Ortiz, La Veneno, coincidiendo con el aniversario de su muerte.

Así anunciaba Arcópoli su propuesta:

Desde Arcópoli queremos que el Ayuntamiento de Madrid conceda una calle a Cristina Ortiz, la Veneno, mujer transexual…

Posted by Arcópoli on Tuesday, November 7, 2017

Y, como era de esperar, ha habido todo tipo de reacciones. Desde aquellos que defienden la propuesta porque consideran que La Veneno supuso todo un ejemplo de visibilidad a aquellos que piensan que no lo merece. Y en mitad de esa conversación he visto argumentos que me han dado un poco de miedo.

La Veneno es, ha sido y será un gran icono pop: diva, artista y, sobre todo, auténtica. Sus chascarrillos y ordinarieces han pasado a formar parte del vocabulario cotidiano de gran parte del colectivo gay. Todos hemos reído mucho y hemos simpatizado con una persona cuya vida no fue nada fácil. Cristina tuvo que huir de su pueblo por el acoso homófobo, fue repudiada por su familia y (como, por desgracia, tantas otras mujeres trans) la discriminación tránsfoba la llevó a dedicarse a la prostitución como única forma de ganarse la vida.

Pero ahora parece que La Veneno solo sirve como chiste, para soltar un “digooooo” o un “qué currículum tiene ese tarántula” mientras olvidamos que para muchas personas la aparición de La Veneno en el programa de Pepe Navarro fue el primer referente claro e inequívoco de la transexualidad.

¿Que había otras y otros personajes que también eran y son trans? Cierto. Pero no olvidemos que algunos y algunas han elegido el silencio sobre su identidad de género, vetando preguntas de los periodistas e incluso, con el paso del tiempo, renegando de su pasado hasta prácticamente ignorarlo e incluso ocultarlo. Y no vamos a dar nombres… Pero las palabras de algunas de esas personas en determinados momentos habrían supuesto una gran ayuda a muchísima gente. Y, aunque es una decisión respetable, eligieron el silencio como forma de “normalización”.

Algunos de los que están en contra de este reconocimiento a La Veneno achacan que era ordinaria, malhablada e inculta. Y sí, no podemos ni vamos a negarlo: lo era. Pero como diría La Agrado: “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma“. Y en eso Cristina fue la número uno. Sus broncas en televisión fueron antológicas, sus insultos a otras mujeres trans resultaron escandalosos… pero no hay que olvidar cuál era la historia tras La Veneno.

Es fácil criticarla porque no hablaba correctamente ni usaba los términos “políticamente correctos”, como si en la época de Esta noche cruzamos el Mississippi tuviéramos todos muy claro lo que era la identidad de género, ser trans* o ser diverso. Para muchos entonces, y todavía ahora, las personas transexuales eran maricones con peluca. Y La Veneno era el fruto de esa sociedad que la había empujado a ser víctima de su propia vida.

Leo con horror argumentos en contra de ese reconocimiento que van desde que “no era un personaje digno” hasta que era soez o que era puta, como si eso la invalidara para ser persona o reconocer su valía. Y me horroriza porque las mismas personas que dicen esto defienden eso tan bonito de no culpabilizar a la víctima o se llenan la boca con palabras tan bonitas como “diversidad” y llenan sus redes sociales con el hashtag #loveislove al tiempo que reclaman que hay otras personas trans que sí merecen esa calle.

Las calles deben hacer referencias a personas cuyo trabajo debe ser reconocido. Yo no sé si La Veneno se merece esa calle o no, lo que sí sé es que no se merece el desprecio de aquellos que después de disfrutar de sus “ordinarieces” y de elevarla a un estatus de diva ahora dicen que no es digna.

Lo que sí sé es que, al menos, ella no era tan hipócrita.

Una marica normal, en una edad especial y fantasía en el pelo.

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